Tiene razón Gombrowicz, hay que escribir siempre aunque sean cosas superfluas, o tonterías desechables, residuos que lamentar por la perdida de tiempo, pero escribir al final de cuentas para evitar la degradación. El con un diario sin fechas en tierras ajenas a sus raíces se robustecía, yo no puedo, lo intenté en tiempos de dura agonía, el dolor es menos pedante en el silencio. Y ahora que estoy en paz, no encuentro nada interesante de mi vida que contar a pesar de disfrutarla intensamente, con ambición por beberme todos los segundos que mi cuerpo pierde, a veces a paso acelerado con los cigarros, chelas y desvelo. Tampoco lo que fotografío es interesante para escribir, su contenido visual se basta para decir algo, sería muy engreída la intervención de la palabra en este caso, la imagen de un instante suspendido para siempre no tiene sentido si yo fuera dueño de una sensibilidad incapaz de desarrollar su propio lenguaje.
Lamento reconocer que estoy brutalmente domesticado al mismo rodeo, en busca de valores inexplorados, aquella acción siempre me sumerge en el fracaso, no rotundo sino esperanzador, si triunfara en la búsqueda, esta se terminaría, y que sería de mí sin ella, sin rebuscar las palabras.
Con razón no me encamino a ceder una mayor flexibilidad a mi reducido vocabulario esporádico, o de abarcar nuevos recintos listos para poblarlos con el pensamiento, recintos que otros ya han habitado, y lo han encontrado muy acogedores y fructíferos para la inspiración, para la creatividad. Incluso leo poco para esquivar aquella ambición de estrenar mis reacciones en nuevos ámbitos del conocimiento. La ignorancia es un placer, es la claridad del agua. Saborear tantos tonos, tantos taninos, tantas tentaciones es nauseabundo.
No me estoy conformando, sino me estoy salvando de precipitar mi futuro, de incendiar todo un bosque con un energético cerillo, hermético, codicioso. Me estoy salvando de ser una cubeta llena de agua turbia, no contaminada sino turbia por haber perdido su claridad natural, por contener tantos sabores.
Simplemente me gusta nadar, aunque haga el ridículo a dar círculos mientras todos me aguardan hasta vaciar todas las chelas que me compré por haber vaciado las suyas.
Lo siento, un caguamón se roba la noche, mi noche, junto con los mejillones que quieren probar la Victoria. Me retiro a saborear el mareo que tanto me fascina, el mareo que obserquia sueños locos y bocas secas. Que la cruda parta mis labios para sentir la herida del silencio. NADIE HABLA CON LOS LABIOS PARTIDOS, yo no escucho los susurros, no los escucho, me descarto de la conversación, me aíslo en la consecuencia anunciada desde que destapé el caguamón con un encendedor inservible.
Y para acabar, una botella entera de vino, admito que estoy mezclando tantas cosas, pero el agua que venero sigue pura, transparente, ilesa. La he almacenado en el recipiente que es el día de mañana, ahora sólo fabrico la agonía con las burbujas que celebran la noche, la espumosa ansiedad de ver espirales adónde no existen.
Es cierto, me estoy degradando por escribir en el tiempo ideas vagas con la chela. Esto tiene que cambiar, mañana lo haré, ahora, acostado en la sorprendente comodidad del suelo, me río del refrán que no surte efecto en mí: "No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy".
Lo debió de escribir un agonizante desesperado por no dejar huella en este mundo.
Las huellas me importan una mierda.
El silencio no deja huellas, siempre ha existido, para que necesita dejar huellas. Y es un honor ser una minúscula partícula de él. Ser silencio, el pequeñísimo silencio que nadie nota cuando todos callan.
¿A eso le llaman espontaneidad?
Apesta, pero el silencio no tiene olor.
Mejor me callo. Y ser el pequenísimo silencio.
Residuos residuales, pleonasmos...
No ha trascurrido mas de veinticuatro horas desde que admití sin pudor ni emoción – la resignación queda excluida por ser una frustración disimulada, una pésima emoción que debe quedar suprimida con el espíritu deportivo, sin alusión ni euforia por las olimpiadas, aún vigentes – que mi derrota en la búsqueda de emancipación literaria es indispensable para perseverar mi naturaleza, siempre necesito rebuscar palabras estéticas para pensar en algo, o al menos, calentar mi cabeza.
La espontaneidad expresa sentimientos con honestidad, pero yo obedezco a la impulsiva ansiedad de forzar el pensamiento, pues los sentimientos me salen sobrando a tal grado que en mis gestos mudos encuentran su mayor certeza, el cuerpo lo manifiesta por mí, en silencio, el delicioso silencio.
Ni soy dueño de otra perspectiva que esa, la utilidad de la palabra – en mi caso es singular, en el sentido de no encontrarle otra utilidad más, sin caer en la vanidad ególatra – es confirmar la existencia de mis neuronas...
Pienso luego existo.
No sé si así lo dijo Descartes, mi memoria no parafrasea, comprende lo suficiente, y evoca lo comprendido con tendencias de la pintura abstracta, y ahí está la puerta a la trillada honestidad, a un paso de distancia, ese maldito paso que no quiero dar, no por miedo, sino por la comodidad de estar aquí, levantando pirámides con los latigazos de la palabra rebuscada, es sublime quedarse a bailar que irse caminando en busca del nuevo día.
* * *
Veneración a la retrospectiva de días recientes, pero inconclusos por la pedantería de las nubes deprimentes, que no inspiran otra cosas que pleonasmos que se atrasan en aparecer.
1
Sin novedad, se despiden los días con su ordinario regocijo. ¿Por eso le tememos a la muerte? Morir es el único cambio que puede haber en la vida, peor aún, una vez que sucede, todo se termina sin chance de abolir el cambio. Afrontar ese miedo tampoco es innovador, es un reto que casi nadie consigue alcanzar, y quienes lo logran, no notan el cambio en su vida, tras vencer el desafío, están de vuelta a la misma cotidieneidad, que es la inevitable búsqueda de algo nuevo, por ello, no importa cuantas veces cambie la monotonía su rostro, incluso alimentar el ego ante los demás es rutinario. Y no soy conformista, simplemente aprendí a ser, a gozar de mis limites para extenderlos de manera natural con la experiencia y la madurez, no es mi meta ampliarlos, sucede. Crecer es parte de la monotonía que tiene estilo y gusto de ser.
2
No vivimos, tampoco sobrevivimos. Consumimos el tiempo antes que la muerte nos consuma, cada minuto que abarcamos cínicos por ser una nimia fracción del tiempo le arrancamos los dedos de la mano derecha a la muerte, así no cuenta bien los días que nos restan por vivir.
Desgraciadamente, sus dedos tienen la increíble habilidad de recuperarse como la cola de las largatijas cuando son arrancadas por el ingenuo exceso de confianza de sus depredadores. Sus dedos siempre ven la correspondencia a su deseo de ser arrancados, como una repentina forma de saborear la vida entrando en el mundo de los vivos. Con razón mi vecino dice – no estoy seguro si es suyo el concepto o lo sacó de alguna parte, prefiero creer que le pertenece, con tanta mota, sin duda se le ocurrió – que la muerte se cree tan cabrona que nos da una vida de ventaja, sin embargo, yo si colecciono sus dedos diestros, así aprovecho para construir un muro que impida acercarse a la muerte de mi alma.
3
Antipatía, una poderosa arma que niega la vida sin renunciar a ella. Negamos la vida al acurrucarnos en la pequeñez del mundo interno mantenido por la ilimitada imaginación.
4
Acrobacias en la medianía de mi existencia, pedas, lujos culinarios, privilegios visuales. El silencio existencial me cobija suprimiendo el pensamiento, el silencio absoluto es la esencia de mi existencia, que es destacar con mi ausencia, escribir palabras fantasmalógicas, palabras muertas, frases hilvanadas de la nada, sin sentimiento, sin sinceridad, sólo estética rebuscada.
La espontaneidad expresa sentimientos con honestidad, pero yo obedezco a la impulsiva ansiedad de forzar el pensamiento, pues los sentimientos me salen sobrando a tal grado que en mis gestos mudos encuentran su mayor certeza, el cuerpo lo manifiesta por mí, en silencio, el delicioso silencio.
Ni soy dueño de otra perspectiva que esa, la utilidad de la palabra – en mi caso es singular, en el sentido de no encontrarle otra utilidad más, sin caer en la vanidad ególatra – es confirmar la existencia de mis neuronas...
Pienso luego existo.
No sé si así lo dijo Descartes, mi memoria no parafrasea, comprende lo suficiente, y evoca lo comprendido con tendencias de la pintura abstracta, y ahí está la puerta a la trillada honestidad, a un paso de distancia, ese maldito paso que no quiero dar, no por miedo, sino por la comodidad de estar aquí, levantando pirámides con los latigazos de la palabra rebuscada, es sublime quedarse a bailar que irse caminando en busca del nuevo día.
* * *
Veneración a la retrospectiva de días recientes, pero inconclusos por la pedantería de las nubes deprimentes, que no inspiran otra cosas que pleonasmos que se atrasan en aparecer.
1
Sin novedad, se despiden los días con su ordinario regocijo. ¿Por eso le tememos a la muerte? Morir es el único cambio que puede haber en la vida, peor aún, una vez que sucede, todo se termina sin chance de abolir el cambio. Afrontar ese miedo tampoco es innovador, es un reto que casi nadie consigue alcanzar, y quienes lo logran, no notan el cambio en su vida, tras vencer el desafío, están de vuelta a la misma cotidieneidad, que es la inevitable búsqueda de algo nuevo, por ello, no importa cuantas veces cambie la monotonía su rostro, incluso alimentar el ego ante los demás es rutinario. Y no soy conformista, simplemente aprendí a ser, a gozar de mis limites para extenderlos de manera natural con la experiencia y la madurez, no es mi meta ampliarlos, sucede. Crecer es parte de la monotonía que tiene estilo y gusto de ser.
2
No vivimos, tampoco sobrevivimos. Consumimos el tiempo antes que la muerte nos consuma, cada minuto que abarcamos cínicos por ser una nimia fracción del tiempo le arrancamos los dedos de la mano derecha a la muerte, así no cuenta bien los días que nos restan por vivir.
Desgraciadamente, sus dedos tienen la increíble habilidad de recuperarse como la cola de las largatijas cuando son arrancadas por el ingenuo exceso de confianza de sus depredadores. Sus dedos siempre ven la correspondencia a su deseo de ser arrancados, como una repentina forma de saborear la vida entrando en el mundo de los vivos. Con razón mi vecino dice – no estoy seguro si es suyo el concepto o lo sacó de alguna parte, prefiero creer que le pertenece, con tanta mota, sin duda se le ocurrió – que la muerte se cree tan cabrona que nos da una vida de ventaja, sin embargo, yo si colecciono sus dedos diestros, así aprovecho para construir un muro que impida acercarse a la muerte de mi alma.
3
Antipatía, una poderosa arma que niega la vida sin renunciar a ella. Negamos la vida al acurrucarnos en la pequeñez del mundo interno mantenido por la ilimitada imaginación.
4
Acrobacias en la medianía de mi existencia, pedas, lujos culinarios, privilegios visuales. El silencio existencial me cobija suprimiendo el pensamiento, el silencio absoluto es la esencia de mi existencia, que es destacar con mi ausencia, escribir palabras fantasmalógicas, palabras muertas, frases hilvanadas de la nada, sin sentimiento, sin sinceridad, sólo estética rebuscada.
Circuitos (im)productivos
Aquí reanudaré la escritura, pero de manera casual para permitirme el valor de combatir contra la degradación devenida por el abandono, tengo que rehabilitar mi cabeza con la ardua búsqueda de verdaderos pensamientos, no de palabras que al ser escritas se bastan por si solas por la fuerza de su belleza y significado, perseverar su mal uso hace que sienta, sin poder contradecirlo, que finjo escribir. ¡Basta! Se acabo esta larga secuela de incongruentes tributos a la ignorante nulidad, así es, estoy confesando como un ignorante que comenta sobre las palabras perdidas en la inmensidad del descuido, palabras que carecen de significado, convertidas en garabatos que han esterilizado mi cerebro por una larga época, ya me harté de esa embarazosa saturación de frases anodinas que se pasean sin rumbo como el aire que respiramos, ¡y los ojos no respiran! Los ojos son el rincón oriundo de toda fructuosa tendencia intelectual.
¿Hay quién que me señale con el dedo índice el manantial adonde nadan serenas las ideas como renacuajos esperando la ocasión de salir a la superficie? Necesito dejar de hilvanar palabras que contundentes se justifican con su estética antes que la oración fútil las corrompa con sutileza, y yo ser al fin alguien capaz de fundar reflexiones que sobrepueblen mi cráneo hasta reventarlo de fresca y frondosa creatividad.
Sin embargo, me siento muy solo e indefenso en esta dura batalla conmigo mismo a pesar de estar a un paso de la abundante libertad porque todavía no sé cómo andar con la mano cuando tecleo con la vista fija en el monitor. O en el celular, o para ser más tradicional, en un cuaderno con el típico bolígrafo Bic.
Aprender a divagar con los dedos, se dice fácil pero es muy difícil, una complejidad que goza de ser utópica al principio, de subestimarme en demasía.
Lo voy a lograr, al menos eso espero.
¿Hay quién que me señale con el dedo índice el manantial adonde nadan serenas las ideas como renacuajos esperando la ocasión de salir a la superficie? Necesito dejar de hilvanar palabras que contundentes se justifican con su estética antes que la oración fútil las corrompa con sutileza, y yo ser al fin alguien capaz de fundar reflexiones que sobrepueblen mi cráneo hasta reventarlo de fresca y frondosa creatividad.
Sin embargo, me siento muy solo e indefenso en esta dura batalla conmigo mismo a pesar de estar a un paso de la abundante libertad porque todavía no sé cómo andar con la mano cuando tecleo con la vista fija en el monitor. O en el celular, o para ser más tradicional, en un cuaderno con el típico bolígrafo Bic.
Aprender a divagar con los dedos, se dice fácil pero es muy difícil, una complejidad que goza de ser utópica al principio, de subestimarme en demasía.
Lo voy a lograr, al menos eso espero.
¡No mames! Siete meses desaparecido.
Largo tiempo sin aparecer por aquí. Era necesario el largo tiempo para desinfectar mi cabeza malsanas pretensiones, totalmente superfluas. Incluso para rodear la mesa ajena, llena de frases ajenas, me tomó demasiado tiempo mientras buscaba una innovación, no encontré nada entonces me robé la hélice que colgaba en la pared contigua. El robo se justifica, pienso devolverla una vez que despeje toda la neblina que el silencio tonifica con la espesura de la ausencia.
Y ahora, con los pensamientos deshechos por la nostalgia, fluyo como agua que no dice nada pero que fluye por las grietas, por los senderos, por las cumbres que no se ven desde la ventana. Agua abierta y dispuesta a recibir lo que sea, sin descartar la basura, la contaminación es algo, y mucho mejor que nada, pero no puedo dejar de tener miedo de llegar al mar, temo perderme en la vastedad del abismo marino. Debo detenerme, basta una idea para levantar la presa que me detenga, la estoy buscando sin éxito. Y sólo me reencuentro con palabras que he malgastado para disimular mi carencia de ideas, palabras que han disfrazado mi silencio de frases inquietantes, frases que fingían contundentes decir algo nutritivo, o al menos, conmigo pudieron estafarme, verme con la cara de ingenuo iluso. Pero ya me estoy emancipando, sin embargo, como un canario nacido en la jaula, no encuentro significado a toda esta inmensidad que me espera al otro lado de la puerta, primero camino, luego brinco para ¿finalmente volar?
Y ahora, con los pensamientos deshechos por la nostalgia, fluyo como agua que no dice nada pero que fluye por las grietas, por los senderos, por las cumbres que no se ven desde la ventana. Agua abierta y dispuesta a recibir lo que sea, sin descartar la basura, la contaminación es algo, y mucho mejor que nada, pero no puedo dejar de tener miedo de llegar al mar, temo perderme en la vastedad del abismo marino. Debo detenerme, basta una idea para levantar la presa que me detenga, la estoy buscando sin éxito. Y sólo me reencuentro con palabras que he malgastado para disimular mi carencia de ideas, palabras que han disfrazado mi silencio de frases inquietantes, frases que fingían contundentes decir algo nutritivo, o al menos, conmigo pudieron estafarme, verme con la cara de ingenuo iluso. Pero ya me estoy emancipando, sin embargo, como un canario nacido en la jaula, no encuentro significado a toda esta inmensidad que me espera al otro lado de la puerta, primero camino, luego brinco para ¿finalmente volar?
El resto de las cuentas regresivas
Las razones para seguir escribiendo la cuenta regresiva se extinguieron, sin embargo, existen algunos fósiles para tener una remota idea de lo que hubiera sido si la alegre intermitencia de recuperar lo irrecuperable no interveniera sino hasta después. He escrito algunos fragmentos, pero debido a que respetaba el ritmo día a día, aguardaba a que se diera la ocasión.
14
El tiempo azota con el silencio mi cabeza, como musa perversa, sádica, sedienta
.
de relámpagos sin trueno
.
.
.
.
sucumbo paralizando la manecilla, los muertos no esperan, yo sueño, jamás te voy abandonar aunque abandones este cuerpo, mi cuerpo.
13
pienso
.
.
.
.
.
pienso
.
te extraño, me devasta tu ausencia, desmantela mi libertad.
12
Con párpados cerrados me miro en el espejo, no recordaba lo inmenso que soy dentro de la obscuridad
.
.
.
abro los ojos
.
decepcionante, nada ha cambiado, inmaculado dolor, inmune a la espera
.
vuelvo a desintegrarme en la obscuridad, soy irreconocible, ¿abundan disfraces negros o soy yo realmente, contagiado de negro, de negra zozobra sin rostro, sin luz?
9
Los dedos de mis manos me sobran me sobran para contar las penurias
.
.
.
no estás
.
.
.
el tiempo se acaba, ¿cuestionar mi condena a la soledad es un acto irrevocable?
8
Las hojas secas aún no caen, oscilan con el viento la embaucadora perspectiva
.
péndulo
.
.
.
.
.
silencio, lacrimógeno, silencio, reconcilio, silencio, sollozo, silencio, anhelo, silencio, mudez, silencio
.
la espera me suprime
.
.
silencio
.
s
i
l
e
n
c
i
o
1
¿Por qué gozo de extraño y funesto júbilo, realmente me gusta la resonancia de la última cuerda?
.
.
.
¿vida o muerte?
.
.
.
.
debo escuchar con atención la última cuerda, palpar todos los poros del segundo agonizante, decidir en un parpadeo, ¿seré capaz de elegir sentado en uno de los vértices del último segundo?
0.1
Tengo prisa de morir, no de forzar la muerte
.
.
.
ser silencio es vivir callado
.
.
.
callarse es actuar como muerto recluso en la vida aguardando la hora.
***
El sábado 22 se armará una fiesta para celebrar mi cumpleaños, pero como siempre, mi intención es paradójica, no me gusta celebrar los años porque no le encuentro el sentido, no obstante, para mis amigos sí, entonces se convierte en un gran pretexto para ver a todos, incluso aquellos que no los veo desde la fiesta del año pasado, jejejeje, y a una amiga desde la fiesta hace tres años. Todos los interesados, favor de escribirme a destellodelsilencio@hotmail.com para que les pase la dirección y como llegar según el medio, y mi celular por si no abro la puerta o algo así es 5540910425.
Saludos
14
El tiempo azota con el silencio mi cabeza, como musa perversa, sádica, sedienta
.
de relámpagos sin trueno
.
.
.
.
sucumbo paralizando la manecilla, los muertos no esperan, yo sueño, jamás te voy abandonar aunque abandones este cuerpo, mi cuerpo.
13
pienso
.
.
.
.
.
pienso
.
te extraño, me devasta tu ausencia, desmantela mi libertad.
12
Con párpados cerrados me miro en el espejo, no recordaba lo inmenso que soy dentro de la obscuridad
.
.
.
abro los ojos
.
decepcionante, nada ha cambiado, inmaculado dolor, inmune a la espera
.
vuelvo a desintegrarme en la obscuridad, soy irreconocible, ¿abundan disfraces negros o soy yo realmente, contagiado de negro, de negra zozobra sin rostro, sin luz?
9
Los dedos de mis manos me sobran me sobran para contar las penurias
.
.
.
no estás
.
.
.
el tiempo se acaba, ¿cuestionar mi condena a la soledad es un acto irrevocable?
8
Las hojas secas aún no caen, oscilan con el viento la embaucadora perspectiva
.
péndulo
.
.
.
.
.
silencio, lacrimógeno, silencio, reconcilio, silencio, sollozo, silencio, anhelo, silencio, mudez, silencio
.
la espera me suprime
.
.
silencio
.
s
i
l
e
n
c
i
o
1
¿Por qué gozo de extraño y funesto júbilo, realmente me gusta la resonancia de la última cuerda?
.
.
.
¿vida o muerte?
.
.
.
.
debo escuchar con atención la última cuerda, palpar todos los poros del segundo agonizante, decidir en un parpadeo, ¿seré capaz de elegir sentado en uno de los vértices del último segundo?
0.1
Tengo prisa de morir, no de forzar la muerte
.
.
.
ser silencio es vivir callado
.
.
.
callarse es actuar como muerto recluso en la vida aguardando la hora.
***
El sábado 22 se armará una fiesta para celebrar mi cumpleaños, pero como siempre, mi intención es paradójica, no me gusta celebrar los años porque no le encuentro el sentido, no obstante, para mis amigos sí, entonces se convierte en un gran pretexto para ver a todos, incluso aquellos que no los veo desde la fiesta del año pasado, jejejeje, y a una amiga desde la fiesta hace tres años. Todos los interesados, favor de escribirme a destellodelsilencio@hotmail.com para que les pase la dirección y como llegar según el medio, y mi celular por si no abro la puerta o algo así es 5540910425.
Saludos
Cuenta regresiva; 15
Ausente me enseñas más sobre el silencio que no soy, el otro silencio que masca salvajemente mi corazón, que cada vez late menos, ¿cuántos silencios más se requieren para callar por un instante la congoja.
Cuenta regresiva; 16
Recintos abandonados, ruinas del pueblo desolado esperan una señal de humo
.
.
una señal de humo
.
.
.
.
.
cascajo ahumado, una señal de humo, una posible visita, aún siendo etérea es la cercanía de algo.
.
.
una señal de humo
.
.
.
.
.
cascajo ahumado, una señal de humo, una posible visita, aún siendo etérea es la cercanía de algo.
Cuenta regresiva; 17
Ondas ovaladas, agua soba los consentidos vacíos del colibrí
.
.
.
revolotea fosas del aire
.
.
.
revolotea penumbra del parpadeo
.
.
mis penurias
.
.
.
duele
.
caminar preso de la fragilidad, remotas ilusiones cedidas por pedante probabilidad
.
.
se escurre
.
los residuos del recuerdo reprimen
.
con el filo de lo reciente
.
.
.
esquilas que sueñan con gotas de mercurio, deshabitan el tiempo
.
.
.
.
.
.
suspenden todo
.
.
.
inmóvil
.
.
.
tristes divagaciones
.
triste espera
.
la espera triste.
.
.
.
revolotea fosas del aire
.
.
.
revolotea penumbra del parpadeo
.
.
mis penurias
.
.
.
duele
.
caminar preso de la fragilidad, remotas ilusiones cedidas por pedante probabilidad
.
.
se escurre
.
los residuos del recuerdo reprimen
.
con el filo de lo reciente
.
.
.
esquilas que sueñan con gotas de mercurio, deshabitan el tiempo
.
.
.
.
.
.
suspenden todo
.
.
.
inmóvil
.
.
.
tristes divagaciones
.
triste espera
.
la espera triste.
Cuenta regresiva; 18
Un vez más repaso las paredes de mi habitación
.
.
.
4:28, el insomnio tiene un nombre escrito con números
.
.
.
Resbalan mis ojos en ficticia vastedad del cuarto, lejos se halla el sueño, lejos, lejos.
.
.
.
4:28, el insomnio tiene un nombre escrito con números
.
.
.
Resbalan mis ojos en ficticia vastedad del cuarto, lejos se halla el sueño, lejos, lejos.
Cuenta regresiva; 19
Un remolino remoja el remordimiento, remo estático
.
.
.
las asperezas de la reminiscencia
.
.
.
remorder un dolor que remoza todas las noches remolcando el remoto alivio.
.
.
.
las asperezas de la reminiscencia
.
.
.
remorder un dolor que remoza todas las noches remolcando el remoto alivio.
Cuenta regresiva; 20
tus ojos, tu sonrisa, tu alegría, tus coreografías que no he visto
.
.
.
escondo mis párpados
.
.
.
demasiada es la sal húmeda que evoca la dulce tortura de mi temor.
.
.
.
escondo mis párpados
.
.
.
demasiada es la sal húmeda que evoca la dulce tortura de mi temor.
Cuenta regresiva; 21
Tendido en el fango de la melancolía, miro al agua flotar en el aire
.
.
.
el viento no cesa de soplar
.
.
.
esas ramas rasgan dolor, esos días de eterna espera.
.
.
.
el viento no cesa de soplar
.
.
.
esas ramas rasgan dolor, esos días de eterna espera.
Cuenta regresiva; 22
Impulsos corruptos que corroen la integridad
.
.
.
mente inmolada
.
incongruencias masoquistas que el cuerpo deshecho entiende
.
soy un depresivo del closet.
.
.
.
mente inmolada
.
incongruencias masoquistas que el cuerpo deshecho entiende
.
soy un depresivo del closet.
Cuenta regresiva: 23
Camino, camino, camino, camino, camino
.
.
.
no te alejas
.
.
.
el recuerdo no sigue la angustia de mis pasos.
.
.
.
no te alejas
.
.
.
el recuerdo no sigue la angustia de mis pasos.
Cuenta regresiva; 24
He roto el silencio, su ausencia me engulle el pecho, no sobrevivo sin ella
.
.
.
.
.
tampoco con ella
.
es el ruido que surge de mi boca, el silencio habitando mi cabeza.
.
.
.
.
.
tampoco con ella
.
es el ruido que surge de mi boca, el silencio habitando mi cabeza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
